• EL Correo de la Unesco (2020_4): Tráfico ilícito des bienes culturales, 50 años de lucha

EL Correo de la Unesco (2020_4): Tráfico ilícito des bienes culturales, 50 años de lucha

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La primavera pasada, la crisis sanitaria causada por la pandemia de COVID-19 provocó un parón en el mundo entero. Pero el tráfico ilícito de bienes culturales no se detuvo. Al contrario. Los traficantes de bienes culturales aprovecharon que había disminuido la vigilancia en museos y sitios arqueológicos para perpetrar impunemente robos y excavaciones ilegales.Las cifras hablan por sí solas: nunca había sido tan intenso el interés por adquirir mosaicos, urnas funerarias, esculturas, estatuillas o manuscritos antiguos. Esta presión del lado de la demanda contribuye a fomentar al mercado ilegal de obras de arte y antigüedades que, en gran parte, funciona ahora en Internet, por conducto de plataformas que suelen tener pocos miramientos con el origen de esos objetos. La primavera pasada, la crisis sanitaria causada por la pandemia de COVID-19 provocó un parón en el mundo entero. Pero el tráfico ilícito de bienes culturales no se detuvo. Al contrario. Los traficantes de bienes culturales aprovecharon que había disminuido la vigilancia en museos y sitios arqueológicos para perpetrar impunemente robos y excavaciones ilegales.Las cifras hablan por sí solas: nunca había sido tan intenso el interés por adquirir mosaicos, urnas funerarias, esculturas, estatuillas o manuscritos antiguos. Esta presión del lado de la demanda contribuye a fomentar al mercado ilegal de obras de arte y antigüedades que, en gran parte, funciona ahora en Internet, por conducto de plataformas que suelen tener pocos miramientos con el origen de esos objetos. Cincuenta años después de su aprobación, la Convención de la UNESCO sobreel tráfico ilícito de bienes culturales sigue siendo un instrumento importantepara frenar esa lacra. En el medio siglo transcurrido, se ha redoblado la luchacontra el comercio ilegal y ha progresado la toma de conciencia sobre el dañomoral que causa el pillaje, al menoscabar la identidad de las poblaciones afectadas.Pero el entusiasmo por los objetos de arte, cuyos precios se han multiplicadoen poco tiempo, lo moderado de las sanciones y la vulnerabilidad de los sitiosarqueológicos que se encuentran en zonas de conflictos bélicos constituyenotros tantos retos que es preciso afrontar para frenar el tráfico de lo que algunos denominan “las antigüedades de sangre”.

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